22
09. 2017

Samsung Galaxy S8: cuando la pantalla hace toda la diferencia

Tecnología
Tipografia

El fabricante coreano apuesta fuertemente por un celular que, para terminar de cerrar la debacle del Note 7, viene con gran diseño y tecnología, además de un precio igualmente grande.

El S8 introduce una pantalla que Samsung apodada infinity, y que presenta los mismos bordes curvos del S7 Edge. Su resolución y densidad de pixeles crece frente a su predecesor (no a pasos agigantados), aunque lo que realmente presenta una mejora es su tamaño, que ahora es de 5,8 pulgadas (frente a los 5,5 del S7), pero con un cubrimiento de más del 80% del equipo.

Es de este último punto que se desprende lo de infinity, que, en justicia, es una exageración de mercadeo (como acaso pueden llegar a serlo casi todas), pero que ilustra el esfuerzo del fabricante coreano en acercarse al Santo Grial.  El mayor avance del S8 es su pantalla, que se integra a un diseño muy bien logrado, con una construcción que se siente sólida al tacto y que, gracias a la disminución notable de los biseles, y la eliminación de botones frontales, da como resultado un teléfono que no resulta aparatoso para llevar en la mano o incluso en un bolsillo; es un dispositivo grande, pero no incómodo y esto es mucho más de lo que puedo decir de otros teléfonos de este y otros fabricantes.

Estos son los datos duros y crudos de este punto: con 0,3 más pulgadas de pantalla, el S8 es más pequeño que el iPhone 7 Plus en todas sus dimensiones, excepto en el grosor, en donde gana por 0,3 milímetros (aunque el teléfono de Samsung sí tiene puerto de audio común y corriente). El cubrimiento de la pantalla en el dispositivo de Apple está apenas por encima de 67%.

Y esta comparación acaso no resulta justa porque el S8 es sólo el modelo de entrada de la gama alta en Samsung, pero fue el teléfono que tuve la oportunidad de probar durante varios días de uso como mi dispositivo principal. La empresa coreana introdujo un S8+, que cuenta con una pantalla de 6,2 pulgadas, y que supera en todas sus dimensiones al iPhone 7 Plus, pero con diferencias marginales si se tiene en cuenta su superioridad en el display (que también tiene un cubrimiento de más de 80% de todo el equipo).

Otro de los avances es un lector de retina para desbloquear el dispositivo. La inclusión de esta tecnología, he de confesar, me pareció inútil en el momento del lanzamiento (ya había aparecido en el difunto Note 7). Pero en mis pruebas terminé usándolo constantemente, no tanto porque me emocione apuntarme un sensor infrarrojo a los ojos (aunque Samsung asegura que es algo perfectamente seguro), sino porque el lector de huella resultó decepcionante.

Con la eliminación del botón físico de “Home”, en donde se encontraba usualmente el lector de huella frontal, la compañía decidió ubicar este sensor en la parte de atrás del teléfono, al lado de la cámara. Esta es una ubicación popular en muchos teléfonos, pero que en este caso en particular está demasiado cerca al lente, por lo que ponerle el dedo una y otra vez a éste, y llenarlo de huellas, se convirtió en una molestia frecuente. Al punto que dejé de usarlo casi por completo para mudar al lector de iris.

La cámara trasera del S8 es muy similar a la del S7. Y esto no es algo malo, pues la configuración de lentes (ambos con una apertura de f/1,7) y el procesamiento digital de las imágenes permite fotografías ricas en color, con un buen autofoco, y que en condiciones de baja luminosidad presenta resultados de buena calidad. La interfaz de manejo de la aplicación de cámara debe ser navegada con cierto juicio por parte del usuario, pero con poco tiempo su uso se antoja fácil y rápido. En modo manual, hay un rango de ISO entre 50 y 800 y la velocidad de obturación va desde 1/10 hasta 1/24.000. La gran mejora en este campo tiene que ver con la cámara frontal, que tuvo un incremento de tres megapixeles. La diferencia es notable.

Al igual que su predecesor, y que varios teléfonos de otros fabricantes, el S8 viene con resistencia al agua y al polvo bajo la certificación IP68, que permite sumergirlo en 1,5 metros de profundidad durante 30 minutos (agua dulce, claro está). Esto no quiere decir que el dispositivo reemplace una cámara subacuática, incluso una básica, por varias razones: una es la resistencia a tiempo y profundidad mencionada y la otra son las complicaciones de manejar el dispositivo cuando está sumergido. La mayoría de usuarios quizá quiera tomarse fotos bajo el agua. Es posible, tan sólo que no es tan fácil como uno quisiera. Sin embargo, cuando el aufoco funciona óptimamente, el usuario logra obturar en el momento preciso, y se cuenta con buena luz, los resultados pueden ser muy buenos.

Una pantalla más grande, capaz de reproducir contenido en 4K, implica más consumo de batería. El S8 tiene un desempeño respetable con una batería de 3.000mAh, que logra durar un día bajo un consumo intenso de aplicaciones, jugando al menos una hora, y recibiendo y respondiendo correos constantemente. O sea, un uso promedio bajo ciertos estándares. Ahora bien, la resolución del display puede ajustarse para ahorrar batería, si es necesario. El modo de carga rápida funciona óptimamente mediante el puerto USB-C.

El desempeño del teléfono es óptimo a la hora de jugar títulos como Asphalt 8 o Nova Legacy (ambos juegos de Gameloft), que exprimen los ocho núcleos del procesador y los 4GB de memoria RAM con los que cuenta el equipo. Nunca se cuelga, aunque, a decir verdad, nadie espera que esto pase en un teléfono de esta gama. Punto a favor: el calentamiento del equipo bajo estas condiciones es muy bajo.

Samsung logró incluir el último estándar de Bluetooth con un chip más avanzado para manejar este protocolo de comunicación. En palabras simples, esto significa que el teléfono puede reproducir música a dos pares de audífonos inalámbricos y que puede manejar dos transmisiones para, por ejemplo, dos parlantes inalámbricos diferentes. También implica que, de entrar una llamada mientras el teléfono hace streaming de música, se puede contestar sin interrumpir la reproducción.

El equipo viene con audífonos de AKG, que cuentan con una muy buena reproducción de sonido, además de un aislamiento del ruido exterior óptimo gracias a su buen diseño (no tienen cancelación de sonido).

La memoria interna del teléfono viene fija en 64GB, con la posibilidad de expandirla hasta 256GB mediante la clásica tarjeta microSD. Esta configuración se agradece, pues con capacidades de grabar video en 4K, así como tomar fotos de buena resolución, el espacio de almacenamiento es una variable delicada, por decir lo menos.

Uno de los puntos flacos es que el equipo no viene con la última versión de Android (7.1), sino con 7.0. El lado bueno es que la adaptación del sistema operativo que hizo Samsung es una de las mejor logradas hasta el momento. Bien es sabido que los fabricantes suelen sobrecargar de aplicaciones innecesarias los teléfonos o limitar funciones nativas por diseño. Por fortuna este no es el caso.

El S8 es, sin duda, uno de los productos de Samsung mejor logrados. Y ciertamente señala un camino claro de por dónde irá, y debe ir, el desarrollo de teléfonos inteligentes.

Fuente: EE