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10. 2018

Los defensores de los alimentos transgénicos contraatacan: "Es inmoral no usarlos en un mundo hambriento"

Ecología
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En 2016 la Organización Mundial de la Salud levantaba las alarmas: el hambre en el mundo había crecido de nuevo. Treinta y ocho millones de personas más que en 2015, contando un total de 815 millones de seres humanos, padecieron serios problemas para alcanzar una alimentación mínimamente adecuada. Actualmente, según los datos del Programa Mundial de Alimentos (o WFP, por sus siglas en inglés), una de cada nueve personas no tiene suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa.

La gran mayoría pertenece a uno de los países en vías de desarrollo donde un porcentaje significativo de la población, especialmente en Asia, padece de desnutrición. Para entender con más crudeza estos datos contaremos que casi la mitad de los fallecimientos de niños menores de cinco años se debe a la desnutrición, lo que supone la pérdida de tres millones de vidas infantiles por año.

Pero ¿Cuáles son las causas de este aumento de la hambruna? Dejando a un lado la gestión global de los recursos, los principales factores que atentan contra un mundo bien alimentado son económicos (la pobreza), los conflictos bélicos y el cambio climático. "En la última década, el número de conflictos ha aumentado de forma dramática y se han vuelto más complejos e irresolubles por su naturaleza", afirman los responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

"Esto ha hecho saltar alarmas que no podemos ignorar: no acabaremos con el hambre y todas las formas de malnutrición para 2030 a menos que abordemos todos los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición". Está claro que la resolución de los conflictos sociopolíticos y bélicos es una necesidad para erradicar el hambre en el mundo. ¿Pero qué pasaría si tuviésemos una herramienta con la que facilitar la manera de enfrentar una crisis de recursos? ¿Y si pudiéramos combatir las pérdidas ocasionadas por el cambio climático? Las posibilidades están ahí. Ahora, conozcamos su precio.Organismos modificados genéticamente, ¿qué significa este término? "Por definición legal son aquellos organismo que tienen un trozo de ADN de otro organismo y que han sido introducidos así mediante ingeniería genética", explica para Xataka Jose Miguel Mulet, doctor en Bioquímica y Biología Molecular, investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) y autor de títulos como Comer sin Miedo, Medicina sin Engaños o Los productos naturales ¡vaya timo!. Entonces, un OGM, por su acrónimo, es un organismo con ADN de otro ser, ¿no?

"Hay métodos de transmitir información genética entre organismos que no se basan en ingeniería genética: hibridación, cruces, injertos... La definición de organismo transgénico hace referencia a un hecho concreto y a una técnica concreta, y tiene más en cuenta el método utilizado que el producto final". Con estas palabras, el experto da unos retazos sobre la realidad de los OGM y es que estos son muchos y muy diversos. Por ejemplo, se puede obtener un OGM mediante diversas técnicas genéticas como la transgénesis o la cisgénesis, ambas muy relacionadas pero distintas en su método de aplicación.

Modificación genética, ¿qué dicen las evidencias?. Como explicábamos, la Comisión Europea observaba en su comunicado la necesidad de revisar la regulación actual sobre OGMs. Esto se debe a que cada vez sabemos más sobre ellos. A pesar de este conocimiento creciente a nivel científico, todavía existen voces que insisten en la falta de información sobre su seguridad ecológica y biológica. "Greenpeace no se opone a la biotecnología", comenta Luís Ferreirim, posgrado en Filosofía de la Naturaleza y responsable de Agricultura de Greenpeace España. "Por ejemplo, apoyamos la selección asistida por marcadores [o MAS, por sus siglas en inglés, una tecnología de apoyo a la selección vegetal tradicional pero que emplea marcadores moleculares]. Tampoco se opone a la investigación y uso de transgénicos siempre y cuando se haga en ambientes confinados y sin interacción con el medio ambiente. Por ello, no nos ponemos en contra de las aplicaciones médicas de los transgénicos, como puede ser por ejemplo la producción de insulina a partir de bacterias transgénicas".

"La seguridad a largo plazo de los alimentos transgénicos para los humanos y los animales sigue siendo desconocida", comenta Luís, "y no existe un consenso científico sobre su seguridad, por lo que creemos que el principio de precaución se debe aplicar a todos los cultivos transgénicos.

Sin embargo, estas declaraciones contrastan con algunos de los estudios más recientes, los cuales implican a otros miles de análisis y más de dos décadas de investigación. Entre ellos, probablemente uno de los mejores ejemplos sea el estudio publicado a principios de febrero sobre el maíz transgénico. En él se mostraba que el uso de este organismo modificado implica un incremento en la producción y confirma la seguridad de su consumo.

Este no es el primer metaanálisis, una investigación que recoge y analiza decenas, cientos o miles de estudios al respecto de un tema, que concluye la seguridad del uso de los OGM para consumo. Dichos metanálisis han reflejado la evidencia científica sobre estos organismos tanto en alimentación humana como en alimentación animal. El resumen de todos ellos parece ser siempre el mismo: no existen razones para temer su uso alimentario.

Aún así, desde Greenpeace insisten en que existen asociaciones independientes de científicos que no confían en estos resultados. Entre ellas, Luís hace referencia a la European Network of Scientists for Social and Environmental Responsibility, o ENSSER, una organización sin ánimo de lucro cuyo papel, indican sobre sí mismos, es aportar la visión de un grupo independiente de científicos ante las nuevas tecnologías emergentes.

¿Cuáles son su supuestos beneficios?

"El beneficio que puede tener un transgénico es que te permite generar nuevas variedades que por los métodos tradicionales son imposibles", confirma Jose Miguel. "Lo más obvio es la tolerancia a herbicidas y defensa contra insectos", continúa. Estos organismos permiten incrementar la producción al resultar más resistentes ante ataques de depredadores o sustancias potencialmente dañinas para la planta. "Esto ha sido útil para los agricultores, pero la tecnología llega mucho más lejos".

"Ahora, por ejemplo, tenemos trigo apto para celíacos, tomates que pueden prevenir el cáncer, alimentos biofortificados... entonces las ventajas de estas nuevas variedades son mucho mejores que las de las variedades que teníamos antes". Según nos cuenta el experto, dichos productos ayudarían a combatir la desnutrición o incluso el hambre en algunas zonas.

¿Podríamos resolver el hambre en el mundo? Ya solo nos queda la última pregunta, la que articula todo el debate: ¿podríamos ponerle fin al hambre en el mundo gracias a los OGMs?. "Se puede decir que son una herramienta", contesta el experto en biotecnología, al preguntarle si los OGMs son la respuesta contra la desnutrición. "El hambre en el mundo es algo que depende de otras cosas. Si tienes una producción eficiente de alimentos pero los distribuyes mal, por muchos transgénicos que tengas no vas a solucionarlo".

"Los transgénicos no son la solución del hambre en el mundo", coincide categórico Luís Ferreirim. "En el mundo hay alimentos suficientes para todas las personas. El 30% de los alimentos producidos terminan en la basura. Solo con esto tendríamos lo suficiente para alimentar a todas las personas que habitan la Tierra hoy día y los que podremos llegar a ser en 2050 sin intensificar más la agricultura y sin utilizar cultivos transgénicos".

"Lo que sí es obvio es que renunciar a los transgénicos implica la imposibilidad de solucionar el hambre en el mundo".

"Lo que sí es obvio es que renunciar a los transgénicos implica la imposibilidad de solucionar el hambre en el mundo", opina contrariamente Mulet. "A día de hoy toda la carne que estamos comiendo en Europa se alimenta con maíz y soja transgénica. Si no los empleáramos, una de dos: o ya no tendríamos carne o el maíz y la soja subirían su precio de forma disparatada. En Europa podríamos permitírnoslo pero otras partes del mundo se quedarían sin estos vegetales".

Según nos cuenta el doctor en Biotecnología, esto ya ha pasado con anterioridad. En concreto, Jose Miguel se refiere a la crisis de alimentos básicos ocurrida en México cuya falta de maíz, que prefería venderse para hacer biodiesel, aumentando su precio y, como consecuencia incrementando la hambruna en el país. Este efecto de demanda y precio de vegetales básicos es una respuesta que hemos visto otras veces en los sistemas económicos y, como bien dice el experto, no se puede solucionar, simplemente, con un mayor número de recursos gestados con ayuda de los OGMs.

A tenor de lo que hemos visto, con los beneficios y los perjuicios en cada una de nuestras manos ¿qué decidiríamos? ¿Existen suficientes pruebas para asegurar la inocuidad de los transgénicos en nuestra salud? Al menos cien nobeles firmaron en 2016 una carta donde pedían coherencia y criticaban la actitud de Greenpeace contra los transgénicos, catalogándola de inmoral.

Aunque no debemos caer en la falacia de autoridad, lo cierto es que este comunicado muestra una muestra radiográfica del debate. "Lo que es incoherente es que todo el debate se haya centrado en los transgénicos de uso agrícola", apostilla al respecto. "Es decir, la gente que dice que no quiere transgénicos en el campo, jamás diría que no a los medicamentos que está utilizando y que son de origen transgénico".